DESHOJANDO MARGARITAS

12.08.2017

Esta mañana he publicado este tweet que veis aquí.


¿Cuántas veces nos ha pasado esto? Es curioso como las personas nos podemos volver un poco idiotas cuando nos gusta alguien. Y creo que en esto las mujeres somos especialistas en darle vueltas a las cosas.

Llevo un tiempo observando entre mis amigas esta situación y me resulta realmente curiosa. A nosotras además nos gusta ponerlo a consenso en el Consejo de Sabias en el que nuestras amigas nos dan su experta opinión de lo que creen que una tercera persona a la que puede que ni siquiera conozcan está pensando.

A saber, un Consejo de Sabias es un grupo de 4 o 5 mujeres que se reúnen de forma recurrente alrededor de una mesa y una (o dos) botellas de vino para tratar asuntos de la vida cotidiana de las presentes. Por norma general una de ellas expone un caso y las demás orientan o aconsejan a la que ha expuesto. Habiendo aclarado este término vuelvo a tema principal.

Nos damos cuenta de que nos gusta alguien, todos hemos pasado por ahí así que supongo que todos sabemos de lo que estoy hablando. Y en lugar de hacer lo que sería lo lógico, decirle a esa persona: "me gustas y me gustaría conocerte más y ver que pasa" (vayamos paso a paso, nada de pedir matrimonio a la primera por favor) nos metemos en el antiguo proceso de deshojar la margarita, que seamos sinceros, será un método ancestral pero poco práctico. Empezamos a tratar de adivinar si le gustamos a la otra persona por lo que nos ha dicho, la manera en que nos lo ha dicho, lo que no ha dicho, lo rápido que responde a nuestros mensajes o a tratar de adivinar si esa canción que ha publicado en twitter es para nosotros y nos quiere decir algo.

Y luego está esa maravillosa frase: "si dudas, es que no le gustas" que básicamente lo que quiere decir es que cuando le gustas alguien se nota, te lo hace saber. Desgraciadamente para todos, los seres humanos somos mucho más complejos que eso por lo que tampoco nos podemos fiar de ella. Y seguimos en ese proceso de "¿escribo o espero a que me escriba?" "¿qué habrá querido decir con eso?" Etc,

Y aunque trates de ser claro y tus indirectas sean flechas tiradas directamente al corazón, la duda no te abandonará y es el momento en el que llegamos a mi tweet. La duda sigue ahí y te preguntas si te están rechazando educadamente o si la otra persona no está pillando las indirectas que le estás lanzando.

Supongo que en esto entran en juego dos factores. Uno, el miedo al rechazo que todos en mayor o menor medida tenemos. Reconozcámoslo, ¿a quién le gusta que le rechacen? Y dos, la ilusión. Mientras que hay duda hay ilusión, mientras que no sabes si tú también le gustas o no, se mantiene viva la ilusión de que puede que sí. Y queda patente así que a los seres humanos nos encantan complicarnos la vida alargando situaciones que se podrían resolver con un simple "Me gustas, ¿te gusto?"