PASIÓN

08.09.2018

Quizás no debía haberme tomado la última copa de vino, es cierto que una buena cena debe ir acompañada de un buen vino pero no suelo pasarme de mi límite de dos copas. He de reconocer que ha sido inevitable, lo he pasado tan bien, había tanta química entre nosotros en la cena...

Vamos caminando por la calle de camino al hotel y seguimos charlando, la noche es agradable y nuestras risas se escuchan en el silencio de las tranquilas calle madrileñas.

En el ascensor nos acercamos más, una pareja de alemanes entra con nosotros y mi acompañante posa la mano en mi cintura, anticipando lo que está a punto de pasar. Nos despedimos educadamente de los turistas cuando salimos del ascensor y por el pasillo me guía de la mano hasta su habitación.

La puerta todavía no se ha cerrado del todo y ya estamos besándonos apasionadamente. Nos adentramos en la habitación enredados, nuestras manos recorriendo nuestros cuerpos y dando rienda suelta a lo que hemos estado contenido durante toda la cena.

Me apoya contra la pared y siento su erección contra mi cuerpo, con un ágil movimiento me quita el vestido. Se aparta un poco para mirarme, debo tener un aspecto muy sexy despeinada y con mi conjunto de lencería pues sus ojos se encienden y vuelve a acercarse a mi. Me da vuelta, ahora siento la pared presionar mi pecho y su erección en el mismo lugar en el que momentos antes ha puesto su mano en el ascensor. Me aparta el pelo y me besa el cuello. Una de sus manos se mantiene apoyada en mi estómago y la otra sube por mi cintura hasta mi pecho.

Los besos en el cuello y su mano en mi pecho consiguen excitarme más de lo estaba. De nuevo estamos frente a frente, ahora con la pared a mi espalda. Le desabrocho la camisa mientras nos besamos y paso mis manos por si torso, necesitaba el contacto piel con piel. Sin saber cómo estamos en la cama, Nuestras manos se funden con nuestros cuerpos, nos acariciamos y nos besamos con una urgencia que delata lo que ambos queremos. Una de mis manos se posa en su erección y la acaricio con ágiles movimientos.

Ahora es él el que está tumbado, he apartado la mano y mi boca ha tomado su lugar. Siento como se endurece más entre mis labios y sus gemidos son una señal del placer que está sintiendo. Me gusta que así sea, que se derrita, que quiera más. Me aparto pues no quiero un final tan rápido, quiero mi parte. Me tumbo a su lado y cojo una de sus manos para llevarla hasta el interior de mis braguitas. No hace falta que haga más, sabe perfectamente lo que quiero. Me acaricia suavemente primero y poco a poco acelera los movimientos e introduce un dedo en mi. Lo saca e introduce dos. Estoy lista, se pone un preservativo y entra mi con una ágil embestida. Arqueo mi espalda y elevo la cadera para recibirle mejor. Acompaño sus embestidas moviendo mi cadera, estoy tan excitada que no creo que tarde mucho en correrme. Acelera el ritmo y mis gemidos empiezan a ser cada vez más constantes, estamos a punto, los dos.

Nos corremos y nos quedamos un rato tumbados en la cama recuperando el ritmo cardiaco normal. Nos miramos y nos sonreímos, no hace falta decir nada. Está todo dicho.

Tras la recuperación me levanto, me visto despacio mientras me mira desde la cama, mi momento ha llegado. He de irme. Cojo mi sobre y antes de salir le beso en los labios. Esta noche dormirá bien y mañana, en esa reunión que le espera, imágenes fugaces de nuestro encuentro acudirán a su mente provocando en él un extraña y placentera sensación.